La comunidad educativa de la Escuela San Roque de Peine mantiene la suspensión del inicio de clases, acusando que el establecimiento no cuenta con condiciones mínimas para el funcionamiento seguro de los estudiantes, en medio de obras que aún no han sido finalizadas.
Desde el Centro General de Padres, junto con apoderados y docentes, advierten que el recinto sigue en construcción desde enero y presenta múltiples riesgos, especialmente para los niños más pequeños.
Entre las principales problemáticas mencionadas se encuentran cables expuestos, desniveles sin señalización, rampas sin barandas y ausencia de elementos básicos de seguridad.
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“Los niños pueden tropezar en cualquier momento. No hay señalética ni diferencias de nivel visibles, y con el sol fuerte el reflejo hace aún más peligroso el desplazamiento”, señaló Andrea Barrera, presidenta del centro general de padres.
A esto se suma la falta de espacios adecuados para la jornada escolar, los estudiantes no cuentan con comedor habilitado, por lo que la alimentación debe realizarse en el patio o en sectores improvisados, asimismo, las salas presentan carencias importantes, como la ausencia de pizarras o equipamiento básico para desarrollar clases.
Los docentes también se han visto afectados, ya que no disponen de espacios adecuados para realizar labores administrativas ni cuentan con una sala de profesores habilitada.
La comunidad acusa falta de respuestas claras por parte del Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Licancabur, asegurando que las gestiones y solicitudes vienen desde hace meses atrás sin soluciones concretas.
Según relatan, desde febrero han enviado correos y solicitudes formales para abordar la situación, sin obtener respuestas efectivas ni fechas claras de reuniones.
“Nos dicen que el colegio está apto para funcionar, pero eso no es real. Se limpió, pero sigue en obra gruesa, sin terminaciones”, indicó Barrera.
Además, denuncian problemas arrastrados desde el año pasado, como retrasos en la entrega de insumos básicos y falta de coordinación administrativa, lo que ha generado sobrecarga laboral en los docentes.
Uno de los puntos que genera mayor inquietud es la situación de asistencia de los alumnos.
“Los padres no quieren enviar a sus hijos en estas condiciones, pero aun así se les está contabilizando la inasistencia”, afirmó Andrea.
Actualmente, la escuela cuenta con cerca de 35 estudiantes, desde primero a octavo básico, y solo seis profesores, lo que también dificulta el control y resguardo de los niños en espacios que no cumplen con estándares de seguridad.
Frente a este escenario, la comunidad ha propuesto alternativas como la instalación de módulos provisorios o el arriendo de espacios dentro del pueblo para garantizar el desarrollo de clases en condiciones seguras. Sin embargo, aseguran que estas opciones no han sido acogidas por el Slep.
“Lo único que pedimos son soluciones concretas nuestros niños no pueden estudiar en estas condiciones”, concluyeron desde el Centro de Padres.



