La matrícula de estudiantes migrantes en las escuelas chilenas se ha más que cuadruplicado en la última década. En este contexto, un nuevo estudio del CIAE, del Instituto de Estudios Avanzados en Educación, desarrollado por encargo de la Agencia de Calidad de la Educación (ACE), entrega hallazgos clave para el debate público: la condición migrante no explica por sí misma las diferencias en logro académico; las brechas emergen de la interacción entre dominio del idioma, territorio, contexto socioeconómico, trayectorias escolares previas y respuestas del sistema educativo.
La importancia de monitorear, entender y “desempacar” las brechas de aprendizajes
La investigación, liderada por las académicas del Instituto de Estudios Avanzados en Educación e investigadoras del CIAE Lorena Ortega y Liliana Morawietz, analizó los resultados Simce en 4°, 6° y 8° básico y 2° medio, entre los años 2017 y 2023, de estudiantes migrantes de primera generación (nacidos fuera de Chile), de segunda generación (es decir, nacidos en Chile y con, al menos, un padre nacido fuera del país) y de estudiantes no migrantes.
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El análisis encontró que estudiantes de origen migrante de segunda generación obtienen consistentemente mejores resultados en el Simce de matemáticas y lectura que estudiantes no migrantes. Esta ventaja se observa en todos los grados educativos y en la mayoría de las regiones (con ventajas mayores en la zona centro y sur del país) y contextos socioeconómicos (con ventajas mayores en los niveles socioeconómicos bajo y medio-bajo).

Por otra parte, estudiantes migrantes de primera generación presentan rezagos académicos cuando se les compara con estudiantes no migrantes del sistema educativo, sobre todo en grados superiores (8° básico y 2° medio), en contextos socioeconómicos medios y medio-bajos, y en regiones como Arica, Tarapacá, Antofagasta y Magallanes. Sin embargo, cuando se compara entre estudiantes que asisten a un mismo establecimiento educacional, la desventaja de estudiantes migrantes de primera generación respecto de estudiantes no migrantes desaparece o incluso se convierte en ventaja. “Esto da cuenta de la importancia de la estructura de oportunidades de desarrollo e integración social, económica y escolar que se ofrecen a la población en situación de movilidad, que actualmente concentra a los estudiantes migrantes en establecimientos de mayor vulnerabilidad”, explica Lorena Ortega.
Asimismo, al analizar los datos Simce de dos cohortes de estudiantes (Cohorte 1: cursó 4° básico en 2017 y 2° medio en 2023; Cohorte 2: cursó 6° básico en 2018 y 2° medio en 2022), se encontró que tanto estudiantes de primera como de segunda generación migrante progresaron más rápidamente en lectura y matemáticas desde la enseñanza básica a la educación media.
En lo socioemocional, en tanto, la primera generación evalúa más positivamente su experiencia escolar en Chile, mientras que la segunda generación evidencia mayores tensiones identitarias y menor sentido de pertenencia.
La escuela como factor decisivo
El estudio también identificó buenas prácticas en establecimientos con alto porcentaje de estudiantes migrantes y donde se han desarrollado protocolos formales de inclusión para estudiantes migrantes. Estos incluyen apoyo en la validación de estudios, apoyo a la nivelación de contenidos y habilidades del curso de ingreso, actividades de encuentro con otras y otros estudiantes del establecimiento, nivelación en el idioma español en caso de ser necesario, inducción al liceo, apoyo a la familia del estudiante, coordinación de redes de apoyo en caso de ser requerido, ingreso a la ficha SIGE, al libro de clases y otros documentos del liceo.

“La escuela emerge como un espacio crucial para la integración, aunque hoy esta depende en exceso de la voluntad individual de docentes, directivos y equipos psicosociales, al no haber lineamientos de política claros, más allá de orientaciones generales”, señala Liliana Morawietz.
Un desafío pendiente para la política pública
La investigación concluye que Chile aún no cuenta con una política educativa integral para la inclusión de estudiantes migrantes. En ese escenario, el estudio plantea la necesidad de avanzar hacia apoyos estructurales y sostenidos.
“Chile requiere avanzar hacia una política educativa coherente, sostenida y territorialmente sensible, que asegure apoyos lingüísticos, protocolos de ingreso, financiamiento diferenciado, prácticas robustas de interculturalidad y mecanismos de desegregación escolar”, subrayan las autoras.
En un contexto donde la migración suele asociarse a bajos resultados académicos, este estudio aporta evidencia concreta para reorientar el debate público: los estudiantes migrantes enriquecen y mejoran los resultados de sus comunidades educativas.


