La medida de restricción horaria impuesta a los locales nocturnos y de venta de alcohol en el centro de Calama está generando un efecto colateral en la comuna. Según se debatió en el concejo municipal durante el proceso de renovación de patentes, la prohibición no ha disminuido el consumo de alcohol, sino que ha provocado el desplazamiento de los usuarios hacia sectores residenciales periféricos. Esta situación ha encendido las alarmas debido a la aparición de ruidos molestos, riñas y delincuencia en zonas que históricamente mantenían índices de tranquilidad.
La principal preocupación radica en sectores específicos de la ciudad, como la Avenida Grau y el cuadrante que se extiende desde la calle Grecia «hacia abajo», donde diversas botillerías y locales comerciales han comenzado a registrar sus primeros partes e infracciones.
Al respecto de este fenómeno, el concejal Ricardo Campusano, advirtió sobre las consecuencias de la normativa vigente expresando que «al haber instalado esta restricción de horario en el centro, ha hecho que muchas personas no dejen de consumir alcohol, sino que se trasladen a otros lugares de Calama para seguir haciéndolo. Y, entonces el problema no ha desaparecido, sino que se ha trasladado a otras poblaciones. Eso es un poco la preocupación, porque hay incivilidades hoy día en sectores donde no teníamos antes».
Frente a la posibilidad de mitigar este impacto extendiendo el decreto de restricción a los barrios afectados, la autoridad comunal se mostró tajante en rechazar mayores prohibiciones. A su juicio, aumentar las limitantes horarias solo potenciaría la proliferación de comercios clandestinos y after hours, recintos que operan al margen de la ley, evaden impuestos y no cumplen con las normativas laborales vigentes. Asimismo, la Campusano enfatizó que la actual medida ha golpeado fuertemente la economía del centro, provocando despidos masivos de trabajadores y dejando a varios locatarios al borde de la quiebra.
Como alternativa de solución, propone flexibilizar la normativa del casco central en una próxima evaluación, permitiendo el funcionamiento regulado hasta las 2:00 o 3:00 de la mañana para desestresar los barrios y devolver el dinamismo económico al centro.
Para Campusano, la clave no está en prohibir, sino en fiscalizar de manera estricta y comprometer a los dueños de los locales comerciales en la seguridad de sus entornos, abriendo la puerta a un desarrollo integral de la ciudad. «Mientras los locales de alcohol funcionen con la norma, en la regularización, con la fiscalización adecuada, nosotros no deberíamos tener estos problemas que son las incivilidades, riñas, qué sé yo, asaltos. Podríamos mejorar y a lo mejor apostar a que el tema de la vida nocturna también sea una apuesta turística de la ciudad: lo gastronómico, la diversión, que es también una forma de generar turismo».



