Más del 90% de los escolares chilenos toma bebidas azucaradas a diario, duplicando el límite que recomienda la OMS. Desde el departamento de nutrición de la UNAB explican los riesgos y entregan claves para revertirlo en casa.
Cumplir dos años marca un hito en la vida de cualquier niño. Es la edad en que se integran por completo a la mesa familiar y descubren texturas, colores y, casi de forma inevitable, el sabor dulce. Pero esa etapa de exploración también abre la puerta a un problema que en Chile ya alcanza niveles críticos: el consumo de azúcares añadidos a través de colaciones, jugos en caja, galletas y golosinas que terminan instalándose en el menú diario.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niños de entre 2 y 10 años no superen los 25 gramos de azúcares libres al día, el equivalente a unas seis cucharaditas de té. Para los menores de dos años, la indicación es aún más estricta, cero azúcar añadida.
La realidad de los hogares chilenos está lejos de esa meta. A pesar de contar con una Ley de Etiquetado pionera a nivel mundial, el país sigue registrando cifras alarmantes. Según datos de salud pública, más del 90% de los escolares consume bebidas azucaradas de forma diaria.
En este ámbito, desde la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, señalan que «medio litro de líquidos endulzados equivale a entre 50 y 60 gramos de azúcar pura, es decir, el doble del límite recomendado solo con lo que beben, sin contar galletas, yogures endulzados o cereales de desayuno».
Por qué el azúcar añadida golpea distinto
Desde UNAB explican que no toda azúcar actúa igual en el organismo. La fructosa de una fruta llega acompañada de fibra dietética, que regula su absorción intestinal y evita que pase de forma brusca a la sangre. La azúcar añadida de un jugo en caja o una galleta, en cambio, entra sin esa matriz protectora. «Sin fibra que module la absorción, el ingreso de azúcar genera un alza rápida de glucosa en sangre, lo que obliga al páncreas a liberar insulina en grandes cantidades. La energía que el cuerpo no alcanza a utilizar viaja directo al hígado, donde se transforma en grasa», agregan.
Efectos que van desde el aula hasta enfermedades adultas
Los primeros síntomas aparecen en el corto plazo: bajones de energía que derivan en irritabilidad, falta de concentración y cansancio a media jornada escolar. Por otro lado, Sarmiento advierte que la salud oral también se ve comprometida. En Chile, cerca del 70% de los niños ya presenta caries a los 6 años por la exposición constante a azúcares libres.
A largo plazo, el panorama se complica. «El consumo sostenido de azúcar favorece condiciones que antes eran exclusivas de adultos y que hoy aparecen con más frecuencia en la infancia, entre ellas resistencia a la insulina, considerada la antesala de la diabetes tipo 2, hígado graso asociado al metabolismo de la fructosa industrial, y obesidad infantil, terreno en el que Chile lidera los índices de la región», subrayan.
Para la escuela, el punto de partida está en reconocer que los adultos son quienes deciden qué come un niño: «los niños no compran la comida, comen según lo que hay en casa». Una despensa con productos «Alto en Azúcares» transmite un mensaje implícito de normalidad. Usar el dulce como premio o como consuelo emocional, entrena al cerebro infantil para buscar refugio en el azúcar frente a la frustración o la tristeza.
Por ello, recomiendan cuatro cambios posibles que se pueden aplicar en casa:
Agua como bebida oficial. Reservar jugos y bebidas para ocasiones de fin de semana. Durante la semana, ofrecer agua pura o saborizada con naranja, frutillas o menta.
Endulzar de forma natural. Involucrar a los niños en la cocina, preparando queques o galletas caseras con plátano maduro o puré de manzana en lugar de azúcar refinada.
Regla del 80/20. Que el 80% de la alimentación diaria sea comida real y fresca, dejando un 20% de flexibilidad para cumpleaños o celebraciones, sin prohibiciones que generen obsesión por lo restringido.
El ejemplo como hábito. Los niños aprenden observando. Si ven a los adultos elegir fruta de postre y tomar agua con regularidad, replican esa conducta sin sentirla como una imposición.




