Los resultados del Monitor de Educación 2026 elaborado por Ipsos revelan una compleja radiografía sobre las percepciones en torno a la juventud y el sistema educativo en Chile, destacando que solo un 16% de los encuestados evalúa positivamente la calidad de la educación en el país, cifra que se ubica muy por debajo del promedio global. Pese a esta mirada crítica sobre el funcionamiento institucional, un 70% de las personas reconoce que poseer un título universitario resulta clave para avanzar en la carrera profesional, manteniendo una alta valoración por la educación superior como herramienta de desarrollo.
En el ámbito del bienestar y la seguridad, el estudio posiciona a Chile liderando las preocupaciones globales respecto a la salud mental juvenil. Un 42% de los encuestados identifica los problemas psicológicos como la depresión y la ansiedad, como el principal desafío que enfrentan los jóvenes, mientras que un 68% describe el estado actual de la salud mental de este segmento como malo. A lo anterior se suma que un 37% apunta a las pandillas y la violencia juvenil como otra gran urgencia, en un contexto donde apenas el 34% considera que el país es seguro para las nuevas generaciones.
Respecto al uso de las tecnologías, las posturas de la ciudadanía demuestran un claro matiz en lugar de un rechazo absoluto. Por un lado, un 70% de los consultados en el país respalda la prohibición del acceso a las redes sociales para menores de 14 años, buscando mayores resguardos frente a espacios en línea percibidos como inseguros. En contraparte, existe una mayor apertura frente a herramientas como la inteligencia artificial en las aulas, lo que evidencia una demanda social por diferenciar los riesgos y regular de manera más específica los soportes digitales.
La paradoja más llamativa del informe se manifiesta en las expectativas de futuro, donde el optimismo intergeneracional convive con la desconfianza en las oportunidades locales. Por un lado, un 64% de los chilenos confía en que los jóvenes tendrán una vida mejor que la de sus padres, superando los promedios regional y global. Sin embargo, un 69% de la ciudadanía opina que las nuevas generaciones tendrían mejores oportunidades de desarrollo si se trasladaran al extranjero, reflejando dudas sobre las condiciones que ofrece el país para concretar su potencial.
Finalmente, este escenario plantea desafíos estructurales urgentes para articular la formación académica con un entorno más seguro y próspero. Los datos recopilados por la consultora internacional subrayan que el desafío nacional no radica únicamente en las capacidades de la juventud, sino en la necesidad imperiosa de construir sistemas e instituciones que ofrezcan certezas y razones creíbles de progreso dentro de las propias fronteras



