Hay voces que no solo relatan un partido, sino que se convierten en el latido inconfundible de toda una región. Tras 34 años de trayectoria respirando pasión por los micrófonos, el reconocido locutor calameño Pedro Marín, conocido como «el Roncador» del gol, fue galardonado con el III Premio «Carlos González Márquez» IHE como el relator destacado de la zona norte 2026, un reconocimiento que forma parte de los V Premios Nacionales del Fútbol Chileno IHE, organizados por la agrupación nacional de relatores «Vladimiro Mimica Cárcamo» y la Fundación Nacional IHE Fútbol Chile.
Recibir este galardón ha significado para Marín un momento de profunda reflexión y humildad. «Los premios uno no los busca, pero siempre son bienvenidos», confiesa con la emoción a flor de piel, recordando que su camino detrás de los micrófonos comenzó por allá por 1992, narrando desde torneos locales y escolares hasta las más importantes copas internacionales y campeonatos de primera división del fútbol chileno.
Para el querido locutor de Calama, este reconocimiento representa un tremendo espaldarazo a una vida consagrada al deporte y a la difícil tarea de encontrar un estilo propio. «No es fácil estar tanto tiempo y especialmente en el tema del deporte y del relato, de estar ahí con la gran aceptación que uno tiene por parte de la gente», expresó, agradeciendo el cariño incondicional que recibe a diario en las calles calameña.
Al mirar hacia atrás, los recuerdos de infancia cobran vida con una profunda ternura. Marín rememora cómo en sus inicios, por los años 90, construía su propio «megáfono» utilizando un tarro de leche Nido para relatar los partidos de sus amigos a cambio de una galleta o una bebida, nutriendo su talento al escuchar a leyendas de la radiotelefonía nacional como Carlos Alberto Campusano y Hans Marwitz a nivel nacional, Juan Carlos Carabantes y Eduardo Alarcón en Calama y en lo internacional a Ricardo Molinari.
En este momento de máxima consagración, el relator calameño tiene espacio para los afectos más profundos, dedicando este triunfo a su familia, y, de manera muy especial, a la memoria de sus padres y su hermano Wilson. «Ellos siempre vieron que tenía esa cualidad y me apoyaron muchísimo», recordó con gratitud, evidenciando que cada gol gritado con el alma lleva también el eco de quienes creyeron en él desde el primer día.
Hoy, consolidado como una de las voces más queridas y respetadas del norte de Chile, Pedro Marín recibe este premio con el corazón lleno de orgullo y los pies bien puestos sobre la tierra. Su voz, forjada en el desierto y templada por décadas de pasión futbolera, se alza no solo como un orgullo para Calama y por qué no, para la historia de Cobreloa, sino como la prueba viviente de que la perseverancia y el amor por el oficio siempre encuentran su recompensa.



