Un aumento de los homicidios y de los robos violentos caracteriza parte de la evolución delictual de Calama durante los últimos años, según el informe SIT 2026, elaborado por el Instituto de Políticas Públicas a partir de datos del Centro de Estudios y Análisis del Delito, el Ministerio de Seguridad Pública y proyecciones de población del INE.
El estudio compara las tasas registradas entre los períodos 2016-2020 y 2021-2025, permitiendo observar cambios en el comportamiento de distintos delitos en las nueve comunas de la Región de Antofagasta.
En Calama, la tasa de homicidios consumados aumentó desde aproximadamente 5 hasta 7 casos por cada 100 mil habitantes entre ambos períodos. El incremento se produce en un contexto regional en que los homicidios alcanzaron una alta incidencia entre 2022 y 2024, aunque durante 2025 se observó una moderación.
Otro de los indicadores que presenta un incremento corresponde a los robos violentos. En Calama, la tasa pasó de alrededor de 600 a más de 630 casos por cada 100 mil habitantes, manteniéndose además entre las cifras más elevadas de la región para este tipo de delito.
En cambio, la evolución de las lesiones menos graves aparece relativamente estable. La tasa registrada para Calama se mantiene en torno a los 60 casos por cada 100 mil habitantes, con una variación menor respecto del período anterior. Una situación similar se observa en los delitos sexuales, cuya tasa presenta un incremento moderado.
Respecto de la violencia intrafamiliar, el informe muestra para Calama una variación pequeña entre ambos períodos, manteniéndose la tasa cercana a los 700 casos por cada 100 mil habitantes.
Un elemento relevante del estudio es que la realidad delictual no presenta un comportamiento uniforme en la región. Mientras algunos delitos aumentan en determinadas comunas, otros disminuyen o se mantienen relativamente estables. En el caso de Calama y Antofagasta, el informe identifica una concentración urbana persistente de determinados fenómenos delictuales.
Los antecedentes plantean, así, un escenario en que la seguridad en Calama requiere observar no solo la cantidad de delitos, sino también cómo han cambiado sus patrones y distribución territorial durante la última década. El propio informe concluye que distintos patrones delictuales requieren distintas capacidades y escalas de respuesta institucional.



