La historia de Zaida Pérez-Bugueño es, literalmente, una de navegar contra la corriente hasta alcanzar la cima. Nacida en nuestra región, la actual integrante del Team ParaChile ha logrado posicionarse como la mejor navegante del mundo en vela adaptada, una disciplina donde la destreza y la conexión con el viento son los únicos requisitos para triunfar.
Para Zaida, el mar siempre fue su hogar. Desde las jornadas de pesca en la playa Juan López durante su infancia junto a su tío Lucho, hasta su presente en las clases Hansa 303 y RS Venture, el agua ha sido su escenario de libertad. Tras un accidente automovilístico hace más de veinte años, encontró en la navegación una metáfora de vida: «La discapacidad se queda en el embarcadero; es como si cambiaras la silla por alas», confiesa la deportista.
El motor de la familia y el éxito deportivo
Este ascenso a la élite mundial no ha sido un viaje solitario. Detrás de cada trofeo y cada regata ganada, existe un apoyo familiar incondicional que ha sido el viento bajo sus alas. Con mucho esfuerzo personal y el respaldo de sus amigos y organizaciones, Zaida ha logrado construir una carrera sólida, demostrando que el entorno afectivo es clave para superar las barreras económicas y logísticas que enfrenta el deporte adaptado en Chile.
Sus logros no son menores: hoy es reconocida por la prensa internacional como una de las exponentes más potentes de la disciplina, destacando por su capacidad de enfrentar condiciones meteorológicas extremas que intimidarían a cualquier navegante.
Desafíos en el horizonte
Lo que viene para «La Intrépida» —nombre de su velero— es una agenda cargada de alta competencia. Zaida se prepara para seguir representando a Chile en numerosos torneos internacionales, donde busca revalidar su posición y seguir sumando experiencia de la mano de expertos de todo el mundo. A pesar de no contar con un entrenador oficial, su meta es clara: seguir profesionalizando su carrera y demostrar que la falta de recursos se suple con talento y perseverancia.
Hoy, Zaida Pérez no solo representa a un país, sino a toda una región que ve en ella un ejemplo de superación. El sol, el viento y el mar de Antofagasta parecen haberle dado el impulso necesario para demostrar que, cuando el rumbo está claro y la familia acompaña, no existe tormenta capaz de detener la navegación.




