Por Iván Silva, Médico Pediatra Social
El pasado 21 de julio, en Antofagasta, la Asociación de Municipios de la Región de Antofagasta, AMRA, abrió un espacio inédito, donde reunió a distintos actores vinculados con el trabajo que se desarrolla con Infancia y adolescencia en la Región. El objetivo era el de tomar acuerdos e iniciar un trabajo coordinado, considerando lo que ya existe y generando lo que no existe, de acuerdo a priorización de las distintas dimensiones o ejes que describen la situación de NNA en la Región, esto para contribuir a mejorar sus condiciones de vida y bienestar.
La instancia fue presidida por el alcalde de la comuna de San Pedro de Atacama, don Justo Zuleta y co- dirigida por la secretaria ejecutiva de AMRA, la Sra. Sandra Pastene. Los asistentes iban desde los equipos municipales de San Pedro, Antofagasta, Sierra Gorda; Mejillones, Taltal, la academia presente a través de la Universidad Católica del Norte y la Universidad de Antofagasta, la encargada de Mejor Niñez de Antofagasta, representante del CORE, una pediatra adolescentóloga del Hospital Regional, entre otros. En el encuentro, tuve la oportunidad de compartir nuestra mirada desde la Pediatría Social, donde venimos hace un tiempo compartiendo, con otros actores, incluidas Sociedades científicas, ideas, escuchando y priorizando 18 problemáticas que afectan a niñas, niños y adolescentes. Un diagnóstico que, aunque nacional, se vive con crudeza también en nuestro norte. Lo relevante no es solo la foto actual, sino la pregunta que sigue: ¿qué rol podrían jugar los municipios para cambiar esta realidad?
Las problemáticas expuestas —que hemos trabajado desde el Comité de Pediatría Social de la Sociedad Chilena de Pediatría, con presentaciones, propuestas y proyectos de Salud Mental, de Salud Escolar, de Primera Infancia, incluidas propuestas a la Mesa de Articulación Intersectorial de la OLN de Calama— son una radiografía de urgencia.
En apurado repaso a los bloques donde podemos identificar estas 18 problemáticas de suma urgencia podemos mencionar:
- El Bloque de Salud Mental y Emocional: La epidemia silenciosa de ansiedad y depresión en adolescentes. Las autolesiones. La explotación sexual digital. La orfandad digital, una infancia criada por las pantallas.
- El Bloque de Violencia y Abusos: Violencia intrafamiliar normalizada. Abuso sexual. Acceso a la Justicia y judicialización de la Infancia. Criminalización de la adolescencia(las oportunidades también construyen destinos)
- El Bloque de la desigualdad estructural como país: La Educación que segrega. La Inequidad en Salud. El hambre y la malnutrición. La Pobreza multidimensional. Las Zonas de Sacrificio y su impacto en NNA. La desconexión territorial. La Primera Infancia desprotegida.
- El Bloque de la exclusión y el abandono institucional: La deuda del Estado con la infancia vulnerable. Las infancias invisibles (hijas e hijos de migrantes, los NNA de pueblos originarios, los niños de la calle). Los niños con Discapacidad. Las familias criando sin tribu. El Adultocentrismo que niega la participación infanto- juvenil
Hablamos de crisis de salud mental, desprotección, falta de espacios de participación real y un acceso desigual a servicios básicos de bienestar. Son dolores que no pueden esperar la lenta maquinaria centralista. La respuesta debe ser local.
Aquí la clave es un cambio de mirada. Los municipios tienen la capilaridad, la cercanía y el mandato para actuar. Centrar la gestión en la niñez significa elevar proyectos con decisión, asignar recursos propios y, implementar con ideas revolucionarias, como se ha hecho en otros países, como, por ejemplo, destinar un 5% de su presupuesto municipal a propuestas y proyectos elaborados por las propias niñeces y juventudes.
Esto último implica, sobre todo, institucionalizar la participación infanto-juvenil para que no sea decorativa, sino vinculante. No se trata de sumar una oficina más, sino de transversalizar el enfoque de infancia en cada decisión comunal.
El desafío para Calama y la región es concreto: convertir los diagnósticos, que ya están y los conocemos todos, en inversión. Destinar presupuesto a dispositivos comunitarios de salud mental y Salud escolar, en activar consejos locales de niñez con poder real y articular una red regional que no duplique esfuerzos, sino que los potencie. La excusa de la falta de recursos, sobretodo en una región tan rica y donde el Royalty minero aporta sumas considerables, ya no corre cuando hablamos de prioridades.
La infancia no es solo el futuro, es el presente más urgente. Los municipios tienen hoy la oportunidad de pasar de la buena voluntad a una política pública local con rostro de niño. La mesa está servida. Es hora de actuar.




