Por: Dr. Iván Silva – Médico Pediatra Social
El reciente episodio donde se banalizó la pedofilia y se burlaron de niñas y niños autistas no fue un «chiste de mal gusto». Fue un síntoma de algo más profundo: una estrategia deliberada de envilecimiento del espacio público. Lo ocurrido nos obliga a mirar de frente los mecanismos que operan detrás de estos actos.
1. ¿Qué hay detrás de la burla atroz?
No es humor. Es una táctica con tres funciones claras:
- Normalizar lo intolerable: Al repetir la burla sobre temas atroces, se desgasta nuestra capacidad de escandalizarnos. Lo que ayer era impensable, hoy se vuelve «polémico» y mañana será aceptado.
- Señal de pertenencia tribal: Burlarse de víctimas o de temas tabú funciona como un ritual de cohesión grupal. El mensaje es: «Somos tan poderosos que podemos pisotear sus normas sin consecuencias».
- Gaslighting social: Cuando la sociedad reacciona con indignación, el agresor se presenta como víctima de la «cultura de la cancelación». Se invierte la carga moral y se confunde a la ciudadanía sobre qué es verdad y qué es grave.
2. ¿Por qué esto encuentra eco en tanta gente?
La clave está en la diferencia entre votar por intereses y votar por identidad:
- Voto expresivo: Muchas personas no votan por salud, educación o derechos laborales. Votan para sentirse parte de una tribu fuerte que «dice las verdades» y humilla a un enemigo común.
- Sadismo reivindicativo: El líder violento y burlón ofrece un placer sustitutivo. Le dice al ciudadano frustrado: «Tu malestar no es culpa del sistema, sino de esos grupos. Y yo soy tu verdugo autorizado para humillarlos».
- Anulación del pensamiento crítico: La ignorancia no es un defecto, es un rasgo funcional. Una ciudadanía cognitivamente desarmada no puede identificar la contradicción entre la promesa del líder y la realidad de sus actos.
3. El perfil psicológico: la Tríada Oscura
Sin diagnosticar a distancia, pero sí trazando un perfil descriptivo, lo observado encaja con lo que la psicología denomina la Tríada Oscura de la personalidad (Paulhus y Williams, 2002):
- Narcisismo grandioso: Sentimiento de superioridad, falta de empatía y adicción a la validación externa. La vida ajena solo tiene valor instrumental: para un chiste, un ataque o una ganancia.
- Maquiavelismo: Visión cínica del mundo y manipulación calculada. Las personas son peones. La verdad es un estorbo para el relato de poder.
- Psicopatía subclínica: Frialdad emocional, incapacidad de sentir culpa y disfrute del conflicto. La risa ante el abuso infantil no es nerviosa: es sádica. Se ríen de la víctima.
A esto se suma un cuarto rasgo que corona el perfil: el sadismo cotidiano, que consiste en obtener placer de la crueldad. La burla no busca un fin político racional; busca el goce de ver cómo la sociedad decente reacciona con dolor e indignación.
Conclusión
Lo más desconcertante no es el acto en sí, sino que una parte de la sociedad se sienta atraída por este perfil. Esto revela una patología del vínculo social: un cuerpo social dañado, lleno de frustración y pérdida de sentido, que se identifica no a pesar de la crueldad, sino gracias a ella.
En ese caldo de cultivo, la empatía se percibe como debilidad, la cultura como elitismo y la corrupción como astucia. Romper ese ciclo exige, como primer paso, nombrarlo con claridad.




