Con una solemne Eucaristía celebrada en la Capilla Sagrado Corazón de Jesús, la comunidad de Mi Hogar conmemoró sus 44 años de vida al servicio de los adultos mayores de Calama, reafirmando el compromiso de acogida, dignidad y amor que ha caracterizado a esta obra desde sus inicios.
La celebración fue presidida por el obispo de la Diócesis San Juan Bautista de Calama, Monseñor Tomás Carrasco Cortés, y concelebrada por el padre Enrique Olivé, impulsor de la iniciativa que dio origen al hogar, junto al padre Ricardo Contreras, párroco de la Parroquia San Pablo. También participaron las religiosas Hospitalarias de la Santa Cruz, responsables de la administración del establecimiento, además de trabajadores, colaboradores y miembros de la comunidad.
Durante su homilía, el obispo destacó la historia construida a lo largo de más de cuatro décadas, señalando que Mi Hogar es testimonio de una obra donde se han tejido innumerables gestos de amor y servicio hacia las personas más vulnerables.
“Nos detenemos para mirar una historia que se ha ido tejiendo en 44 años. Son huellas de amor que Dios tiene grabadas en su corazón, huellas de tantas personas que han recibido el bien de un servicio y de quienes han extendido sus manos para acariciar las fragilidades humanas”, expresó.
Tras la celebración, el padre Enrique Olivé compartió un emotivo recorrido por la historia de la institución, recordando que la idea surgió a comienzos de la década de 1980 en la entonces comunidad de la capilla San Pablo, en la población Independencia Norte. Según relató, la preocupación por el futuro de una joven enferma que dependía completamente del cuidado de su madre motivó a la comunidad a pensar en un espacio que pudiera acoger a personas vulnerables que no contaran con apoyo familiar.
Así nació el proyecto de Mi Hogar, que comenzó a construirse gracias al esfuerzo de numerosas personas. Entre ellas destacó la figura de Eduardo Chacón, ingeniero de ENAEX, quien elaboró los primeros planos y aportó recursos para levantar la obra, aunque falleció poco antes de su inauguración. El sacerdote recordó también los primeros años del hogar, marcados por múltiples desafíos, desde la atención de los primeros residentes hasta dificultades económicas y de infraestructura. Con el paso del tiempo, el apoyo de distintas comunidades y benefactores permitió ampliar las instalaciones y mejorar las condiciones de atención.
Un momento clave en la consolidación de la obra fue la llegada de las Hermanas Hospitalarias de la Santa Cruz, quienes asumieron la dirección del establecimiento y fortalecieron tanto la atención integral de los adultos mayores como las posibilidades de acceder a apoyo institucional.




