La discusión sobre acortar las carreras universitarias se tomó la agenda educacional. Parlamentarios, rectores, expertos y autoridades abrieron el debate sobre la necesidad de reducir los años de estudio en la educación superior, considerando factores como el endeudamiento, la deserción, el ingreso tardío al mercado laboral y los cambios acelerados que enfrenta el mundo profesional producto de la tecnología y la inteligencia artificial.
Actualmente, Chile mantiene carreras más extensas que el promedio internacional. Según cifras de la OCDE, mientras en países miembros la duración promedio efectiva de los estudios alcanza los 3,7 años, en Chile supera los 5 años.
A esto se suma que muchas carreras presentan tiempos reales de titulación considerablemente mayores a los formales. Medicina, por ejemplo, alcanza en promedio más de 15 semestres reales de duración, mientras que carreras como Arquitectura o Ingeniería Civil también superan ampliamente los tiempos establecidos inicialmente.
El debate además se cruza con cifras de deserción y decisiones vocacionales mal acompañadas. En Chile, la tasa de deserción en educación superior supera el 23%, mientras distintos estudios han advertido que muchos estudiantes toman decisiones con escasa orientación e información insuficiente sobre empleabilidad, financiamiento y proyección laboral futura. Además, el acceso a la educación superior ya alcanza cerca del 50% de participación entre jóvenes de 19 a 21 años, aumentando presión sobre el sistema.
En paralelo, el reciente informe de la Fiscalía Nacional Económica sobre educación superior identificó “problemas importantes en la toma de decisión de los estudiantes”, señalando que la complejidad del sistema y la falta de preparación previa pueden llevar a elecciones que “no maximizan el bienestar ni aprovechan adecuadamente la diversidad de opciones disponibles”. El mismo documento recomienda potenciar la orientación vocacional y revisar aspectos regulatorios relacionados con la duración de programas y movilidad estudiantil.
“No es llegar y acortar carreras”
En este contexto, Fundación por una Carrera —organización que desde hace 18 años acompaña a jóvenes en procesos de orientación vocacional, acceso a la educación superior y postulación a beneficios estudiantiles— planteó que el desafío no pasa únicamente por reducir años de estudio, sino por repensar la estructura completa del sistema formativo.
“A priori, nosotros estamos a favor de revisar este tema, pero hay que tener mucho cuidado con cómo se trabaja. No es llegar y acortar carreras. Cada vez que se hace un cambio curricular hay un trabajo profundo detrás y es importante entender cuáles son las trayectorias que necesitamos formar en los jóvenes”, explicó Valentina Gran, directora ejecutiva de Fundación por una Carrera.
Desde la organización advierten que muchas universidades actualmente destinan parte importante de sus primeros años a nivelar brechas académicas que los estudiantes arrastran desde etapas escolares, lo que complejiza cualquier intento de reducción.
“También hay que mirar el perfil de egreso y las competencias que se necesitan. El desafío no es solamente reducir años, sino avanzar hacia trayectorias más flexibles y conectadas con los cambios que vivimos hoy”, agregó Gran.
La directora ejecutiva de Fundación por una Carrera también apuntó a la necesidad de avanzar hacia modelos de formación continua, donde las personas puedan entrar y salir del sistema educativo en distintas etapas de su vida laboral y profesional. “ Apuntamos a un modelo mucho más flexible. Que una persona pueda estudiar tres o cuatro años, trabajar y después volver a especializarse. Hoy los cambios son demasiado rápidos y el aprendizaje no puede seguir entendiéndose como algo lineal”, señaló.
Retorno negativo
Las cifras refuerzan la magnitud de la discusión. El informe de la FNE además detectó que el 35% de las carreras analizadas presenta retorno negativo o bajo, mientras que plataformas informativas clave como mifuturo.cl son utilizadas apenas algunos minutos por gran parte de los estudiantes durante el proceso de postulación. El mismo estudio también plantea que las instituciones no siempre entregan información alineada con lo que realmente valoran los estudiantes al momento de elegir qué y dónde estudiar.
En ese escenario, desde Fundación por una Carrera insisten en que fortalecer la orientación vocacional debe transformarse en una prioridad de política pública, especialmente en un contexto donde las trayectorias laborales serán cada vez más dinámicas y cambiantes.
“La discusión sobre acortar carreras puede ser una oportunidad importante para modernizar el sistema completo. Pero eso requiere mirar la educación superior de manera más flexible, más conectada con el mundo laboral y mucho más centrada en las trayectorias reales de los estudiantes”, concluyó Gran.




