Por Iván Silva – Médico Pediatra Social
Introducción
Recientemente, el presidente de la Nación y su ministra de Desarrollo Social anunciaron al país el plan “Chile cuida sus Niños”, el cual, a la vez, se reveló como una fotografía del estado actual de la niñez en Chile. Si bien el plan es un avance en la gestión, sigue siendo una respuesta paliativa a un problema que exige una transformación cultural y estructural y sentimos que la Pediatría Social debe ser el faro para esa transformación.
1. El Valor del Giro Preventivo: Una Deuda Histórica
Debemos reconocer dos cosas: Lo primero es reconocer los avances (énfasis en lo preventivo, integración de datos, parentalidad positiva, y priorización de la salud mental de los niños institucionalizados), lo segundo que hay que reconocer es que el plan, al menos en su enunciado, intenta corregir una falla estructural del sistema chileno: históricamente, el Estado ha actuado como «bombero» (apagando incendios cuando el daño ya está hecho) en lugar de ser un «arquitecto» del bienestar infantil. Frases como «llegar antes» o el fortalecimiento de las Oficinas Locales de la Niñez (OLN) son música para los oídos de la Pediatría Social.
El aumento del 42% en la demanda de las OLN no es una mala noticia en sí misma. Leído desde la salud pública, es un indicador de que la detección precoz está funcionando. El problema es que la «puerta de entrada» se abrió, pero la «sala de espera» está colapsada (5.788 niños esperando). Un sistema que detecta, pero no logra intervenir a tiempo puede generar una doble victimización: el niño y su familia piden ayuda, y la ayuda no llega.
2. Los «Niños Invisibles» y las Causas de Fondo (La mirada de la Pediatría Social)
Aquí es donde la Pediatría Social tiene mucho que decir. El plan aborda la consecuencia (el niño en riesgo, la residencia amenazada por el narco), pero corre el riesgo de no abordar suficientemente la causa raíz: la desigualdad estructural, la falta de vivienda digna, la pobreza multidimensional y la ausencia de redes comunitarias.
2.1.Temas ausentes (lo que extrañamos):
- Vivienda y hacinamiento: Es imposible aplicar «Parentalidad Positiva» (Triple P) en una familia que vive hacinada en una pieza, sin privacidad, con estrés crónico por no poder pagar el arriendo. Si el Ministerio de Vivienda no es un actor central en la prevención del maltrato, el plan se queda corto.
- Salud Mental Parental: El plan prioriza (correctamente) la lista de espera de psiquiatría infantil, pero ¿qué pasa con la salud mental de los cuidadores? Un niño con una madre con depresión severa no tratada o un padre con consumo problemático difícilmente saldrá de su situación de riesgo solo con talleres de crianza. La Pediatría Social aboga por la «intervención diádica» (tratar al niño y su cuidador principal como una unidad).
- El enfoque punitivo en las residencias: El proyecto de ley para combatir el crimen organizado en residencias (control de entradas, incautación de drogas) es necesario, pero peligrosamente insuficiente. Convertir una residencia en una «cárcel preventiva» no es el objetivo. Estos niños ya están privados de su libertad por estar institucionalizados; aumentar la vigilancia sin aumentar el vínculo terapéutico y el número de cuidadores calificados solo profundiza su sufrimiento. Estamos viendo el problema de la «seguridad» sin ver el de la «reparación del
2.2. Sombras u Omisiones:
- El elefante en la habitación: la pobreza estructural y la vivienda.
- El adulto olvidado: la salud mental de los cuidadores.
- La «seguritización» de la infancia: el riesgo de tratar a las víctimas del sistema como amenazas (residencias).
- La brecha entre la escala del anuncio y la escala del problema.
3. La Escala del Problema vs. La Escala de la Solución
Como pediatra social, al leer las cifras, uno no puede evitar hacer un cálculo rápido:
- 2.700 familias en la primera etapa de Triple P, con meta a 25.000 al final del gobierno.
- En Chile hay millones de familias. Si queremos prevenir la violencia intrafamiliar, la negligencia y el abuso, necesitamos una política universal, no solo focalizada en «riesgo extremo». Si bien 25.000 es un avance, el problema es de cientos de miles. ¿No se corre el riesgo de crear una «lotería de la ayuda», donde solo algunos afortunados reciben la intervención de calidad y el resto queda a la deriva?
4. La Institucionalización de Menores de 4 años: Un Grito Ético
Hay un dato en el plan que es estremecedor: 599 niños menores de cuatro años viven en residencias. El plan menciona que esto ocurre «a pesar de la ley». Desde la neurociencia y la teoría del apego (pilar de la Pediatría Social), sabemos que la institucionalización a esa edad produce daños irreversibles en el desarrollo cerebral y emocional.
¿Por qué no hay una «urgencia ética» total aquí? Si cada día que un lactante pasa en una residencia es un día de daño neurológico, la política debería ser de «desinstitucionalización radical con apoyo económico total a las familias de acogida». Lograr 81 niños desinstitucionalizados en un año es bueno, pero a ese ritmo, y con el ingreso constante de nuevos casos, se tardarían décadas en resolverlo. ¿Dónde está la inversión masiva en campañas de acogimiento familiar? ¿Dónde está el incentivo económico real para que las familias chilenas quieran acoger?
5. Conclusión:
Llamado a la acción. No basta con «cuidar a los niños» como objetos pasivos; hay que «garantizar sus derechos» como sujetos activos. La infancia no es solo el futuro, es el presente del dolor o de la esperanza de un país.
La Mirada desde la Pediatría Social: Proponer un enfoque ecológico-sistémico. Un niño no se «repara» solo en un consultorio; se repara en una familia contenida, en una escuela que lo acoge y en una comunidad que lo protege.



