En una extensa entrevista concedida a Chilevisión, la madre del menor imputado por el fatal ataque en el Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama entregó un relato cargado de dolor y cuestionamientos. La mujer pidió perdón de manera pública a las víctimas y a sus familias por el daño causado, reconociendo la gravedad de los hechos donde una asistente de la educación perdió la vida y otras cuatro personas resultaron heridas. En sus palabras, no busca declarar a su hijo como inocente porque «está a la vista lo que hizo», pero enfatizó la necesidad de que la comunidad entienda la batalla que libraban como padres frente a la profunda depresión y los problemas de sociabilización que afectaban al adolescente.
La progenitora describió a su hijo como un niño que nunca fue agresivo ni tuvo mal comportamiento, lo que la lleva a cuestionar constantemente si los diagnósticos médicos y la rotación de medicamentos fueron los adecuados. Según explicó, la familia agotó los recursos para motivarlo, cumpliendo con todas las terapias indicadas, pero veía con impotencia cómo el joven se hundía en su cuadro depresivo. En medio de su desesperación, confesó haber buscado explicaciones de todo tipo para entender el cambio en su personalidad, asegurando que el joven que ella conocía era una persona tranquila que jamás habría actuado de esa forma bajo condiciones normales.
Respecto al día de la tragedia, la madre relató que se enteró por redes sociales de que «algo grave» ocurría en el colegio. Al recibir llamadas de otras apoderadas preguntando si su hijo estaba con ella, su primer instinto fue pensar que él era la víctima. Relató que salió de su casa convencida de que su hijo había sido agredido por terceros, e incluso, al interceptar a Carabineros fuera de su domicilio, su única angustia era saber si el joven seguía con vida. El alivio inicial de saberlo vivo se transformó rápidamente en un estado de shock al revelársele que su hijo no era el afectado, sino el autor del ataque.
Guía de Productos y Servicios Locales
Descubre y apoya a los emprendedores de nuestra comunidad
¿Quieres ser parte de esta comunidad?
Finalmente, la mujer reiteró su pesar por las consecuencias del acto, manifestando que, aunque ella es una madre trabajadora que se esforzó por estar presente, el quiebre emocional de su hijo fue algo que no pudo prever. El testimonio concluye con una sentida reflexión sobre el juicio social que enfrenta la familia y la insistencia en que el sistema de salud mental y la medicación fallaron en el proceso, dejando una marca imborrable en la comunidad loína y en las familias de las víctimas, a quienes extendió nuevamente sus disculpas por el dolor provocado.



